14/10/2014

Adiós a las redes sociales

Después de pensarlo mucho, he dicho adiós a las redes sociales. Era algo pendiente en mi camino hacia la sencillez y lo intenté en alguna ocasión, pero "estaba atrapada". El principal problema era que tenía asociada a mi cuenta personal varias cuentas importantes, como la de la iglesia, donde colgamos anuncios y versículos inspiradores de manera regular, con bastantes seguidores, y que de ninguna manera podía arriesgar a perder. Pero tenía que haber alguna solución que desconocía y empecé a investigar, hasta que por fin, lo vi claro, por fin podía deshacerme de mi cuenta personal y mantener las otras. Pero no es de esto de lo que os quería hablar, sino de las razones principales que me han llevado a tomar esta decisión, que son las siguientes:

1. Pérdida de tiempo y distracción.

Creo que el hecho de levantarse por la mañana y lo primero que hace uno es encender el ordenador es deprimente, y sí, yo era una de ellas. No sé contar el número de veces que  comprobaba mi cuenta, porque eran muchas. En un principio des instalé la aplicación en el teléfono y me fue mejor, pero seguía enganchada al ordenador. Eso sin contar  los dos juegos a los que  a lo largo del día también jugaba, por lo menos dos o tres veces durante  media hora cada una.

2. Todos hablando a la vez.

Una amiga mía me decía el otro día que también  estaba harta, que era como si todo el mundo hablara a la vez y nadie escuchara, y pensé que había dado con la descripción clave que yo había estado buscando. Mucha información de mucha gente absorbida en segundos, tragar, tragar, tragar, y cuanto más tragas menos puedes dejar de hacerlo.

3. Fotografías.

Muchas veces he puesto mensajes en mi muro pidiendo por favor que me me pidieran permiso antes de etiquetarme en alguna foto. Yo lo veía normal.  Considero que cuando estás en un evento privado, más bien "familiar", como una reunión de amigos, un cumpleaños, una salida...y un amigo te toma una fotografía, no es para que  todo el mundo se entere de lo que hiciste ayer o con quien estuviste, estoy hablando de cientos de personas más los amigos de los amigos de éstas. La cosa es que a los demás  no les importa, pero a mí sí. Me gusta que mi vida  sea privada y me gusta compartirla con los amigos "reales" con los que comparto el momento. Obviamente hay eventos públicos en los que no me ha importado nunca aparecer. Una vez alguien me dijo que si perteneces a algún tipo de asociación o agrupación pública, no puedes pretender pasar desapercibido, y aunque a mí me ha costado y me sigue costando todavía, lo entiendo y lo acepto.

  Recordaba también el sentido que antes tenían las fotografías. Antes de la creación de las redes sociales, las fotografías se tomaban para ponerlas en un álbum de fotos y poder contemplarlas y mantenerlas en el recuerdo.  Con las únicas personas con las que las compartías eran tus familiares o tus verdaderos amigos. Esto ya se ha perdido.

4. Amigos.

No soy una persona muy "amiguera", y aunque conozco a muchísima gente de todas partes, no pretendo relacionarme con todas  ellas al igual que con mis amigos más cercanos. Algunas personas de la red social en la que estaba me han reprochado en alguna ocasión que ya no les escribo como antes, la mayoría  fueron amigos cercanos en algún momento de mi vida, y les intento explicar que me es imposible estar pendiente o escribir a esos cientos de personas que como ella, algún día formaron parte de mi círculo de amigos y que, debido a la distancia o a los cambios de la vida, ya no forman parte de ella. Y eso es lo que las redes sociales pretenden, algo totalmente imposible y anti natural según mi parecer.

Me sigue haciendo mucha ilusión cuando recibo un mail de algún amigo o conocido de antes, y recibir una carta escrita ¡ni os cuento! y mucho más una llamada telefónica e incluso un whatsap, pero si los tienes a todos a la vez  en la red no es lo mismo, al final dejas de hablarte, ya no haces el esfuerzo de escribir ni de llamar, porque lo tienes "ahí." Curiosamente, algunas de las mejores relaciones con amigos de antes que todavía mantengo, las conservo por medio de correos eléctronicos, llamadas  y whatsaps precisamente, no a través de la red social.

La vida sin un "libro con cara" es posible. Si eres de esas personas que se sienten atrapadas, escríbeme, quizá pueda echarte un cable.




9/10/2014

Basauri y arepas

Hace un par de domingos visitamos la Iglesia Bautista de Basauri. Agradecemos al hermano Luis y a su esposa la invitación de compartir con ellos. Fue un tiempo especial y me encantó la iglesia por su toque estéticamente tan tradicional, iglesias así ya quedan pocas, por lo menos en España. ¿Dónde han quedado aquellos bancos de madera en cuya parte de atrás había un espacio para reposar Biblias e himnarios, pero donde también hemos pegado, algunos de nosotros, chicles ya sin sabor cuando éramos niños? Ciertamente ahora priva lo práctico, y las sillas se pueden quitar y apilar en un momento para  aprovechar el espacio del salón para otro tipo de actividades. Todo avanza y se moderniza, con la pena de algunos, que como yo, crecimos casi literalmente entre aquellos bancos. Recuerdo cuando mis padres eran pastores y nuestra iglesia era así. Nosotros vivíamos arriba, en la vivienda pastoral. Yo bajaba muchas veces a la iglesia, me sentaba sola en aquellos bancos, casi en la penumbra, y le contaba mis cosas a Dios. A veces me arrodillaba encima de unos pequeños cojincitos marrones de flores amarillas que una señora de la iglesia había confeccionado para ese fin. También cantaba himnos ancestrales y leía libros viejos, que había en una improvisada librería, y que contaban historias sobre grandes misioneros de la historia. Fueron momentos inolvidables que marcaron mi vida para siempre. Nunca asistí a conciertos de Hillsong ni tampoco  a reuniones cristianas de jóvenes "cool" en el que todos molan. Yo encontré a Dios sola, en aquella iglesia, y las raíces se formaron lentamente pero profundas en mi corazón. Estoy a favor de las nuevas herramientas modernas de las que disponemos para llegar a la gente joven, pero creo que hay que tener mucho cuidado en no convertirlo todo en un espectáculo más.

En fin, os dejo con mis añoranzas y mis reflexiones, y como siempre, con algunas fotos. ¡Por cierto! ¡Mirad que arepitas de maíz tan originales!














25/9/2014

Visitas pastorales

Una de las cosas de las que últimamente estoy disfrutando más, y de las que reconozco, antes no dedicaba demasiado tiempo, son las visitas pastorales. Como sabéis, Alex y yo pastoreamos una iglesia protestante, o más conocida como evangélica, ya hace unos 11 años. Como mujer de pastor he pasado por un proceso largo de encontrarme a mí misma y de aceptar lo que Dios tiene para mí en su servicio. Algún día os contaré la historia...

En fin, cada semana me organizo de tres a cuatro visitas. Suele ser a familias  o a mujeres. Normalmente  suelo quedar en alguna cafetería o también en el local de la iglesia si se trata de orar.
Pero esta semana he tenido la ocasión de visitar a un matrimonio joven y a su bebé, mi amiga "Chispi", como yo la llamo, aunque su nombre real es Gabriela. Le llevé un cuento con forma de gato de esos interactivos con piezas interiores de cartón. Creo que le gustó...porque lo mordía con ganas, jajaja.

Me hizo ilusión porque ya me tenían preparado un té y un delicioso bizcocho casero. Fue un tiempo especial en el que pude compartir con mami e hija, y el papá me mostró su colección de rabeles hechos de manera artesana que él mismo construye y toca, hechos con calabazas, botes o latas de bombones.

Por otro lado he disfrutado también estos días de mis deliciosas ensaladas vegetarianas. Me encanta lo verde, por algo me llamo  Lechuga de apellido. Además he terminado de ver la cuarta temporada de Downton Abbey y me quedo expectante con algunos de mis personajes favoritos, como la viuda Violet, Condesa de Grantham, o Edith su nieta, que la pobre no tiene nunca suerte en el amor...

Os dejo con un versículo de la porción que esta semana estamos meditando acerca de Josué  y que quisiera compartir con vostras. Un beso.